Blanqueamiento dental, que no anal

El hecho de leer en Facebook un comentario de la categoría de : “Tú para hablar de mi culo, te lavas la boca”, me puso en marcha con el tema de la higiene dental. Aunque la contestación que recibió dicha frase, es digna de una tesis doctoral.

Doy por supesto, que vosotras, mariquitas de postín, heterosexuales megacuidados, mariliendres malas,etc…, que pagais hasta doce euros en una copa, sois capaces de ahorrar durante un par de semanas para ir al dentista a revisar vuestros dientes. Y una vez con tu limpieza de boca en regla, tus empastes pagados a plazos o tu reciente ortodoncia quitada (esa que acabó con tu vicio de chupar pollas, por temor a una carniceria con una embestida mal dada), podemos hablar del blanquamiento dental.

Amores, mira que estamos pesados con los dientes blancos. Ni el famoso Type X es tan white ni la lejía Conejo ha blanqueado tanto las sábanas de las abuelas de España, como queremos lucir nuestra piñonera en el trabajo, por la calle, en el gim, en la cola del Carrefour o tras la cortina de un cuarto oscuro.

Nuestras madres nacieron, crecieron, se reprodujeron (follaron y parieron, para las espesas) sin conocer las famosas jeringas de 16% Carbamide Peroxide Whitening Gel que, para colmo, han de ir acompañadas de nuestras correspondientes férulas (al estilo mordaza de los sumisos) de uso nocturno, en vez de meternos otras cosas en la boca a esas horas mucho mas jugosas y apetecibles. Por la boca o por el culo, no vamos a ir de divinas.

Nuestras almohadas ya no amanecen con babilla de dormir, ni con restos de guerra láctea nocturna. Ahora están impolutas, cual culo virgen de mozalbete de Espinosa de los Monteros (pincha, la cultura nunca viene mal). Amance seca, y nuestras bocas pegadas de tanta férula y pasta blanqueante, que me recuerda al Baldosinin de usaban esas mujeres mas limpias que la patena, para sanear las juntas de sus azulejos, ya que a ellas, su grieta no se la blanqueaba ni lechaba nadie.

Nos miramos orgullosos al espejo, nos vemos con tizas por dientes, y sonreímos cual cortos de piel, con miedo a cerrar la boca no sea que se nos abra el culo. Aunque algunas lleváis o llevamos las dos cosas bien abiertas, que aquí nos conocemos todas.

Pero llega el momento de beber agua fresquita y zas, una corritente de tropecientos mil voltios recorre nuestros dientes directo a nuestro cerebro (el de arriba) hasta hacer explotar todas nuestras neuronas cual supercaramelo del Candy Crush.Y eso si usas el producto al 16%, si te lo aplicas al 35%, te explota hasta la prostata de la sensación. La sensibilidad a estímulos es un efecto secundario derivado del uso de peróxidos, sobre todo al frio.

Pero ojo, una cosa buena, el peróxido de carbamida está compuesto por urea y peróxido de hidrógeno en relación 1:1. Las viciosas ya saben por donde voy, a mas concentración, mas urea. Así que algunas lucís esas dentaduras radiantes sin pisar un dentista.

Cualquier cosa que salpique nuestros dientes es menos blanca, sí cualquier cosa, y ahora no te hagas la tonta que sabes perfectamente a lo que me refiero.

Amén de dejarnos los euros en las dichos jeringas, queremos dientes aún mas blancos. Si no lo conseguimos, lo siguiente las carillas, blancas cual pared de patio andaluz. Sonreímos y parecemos cocodrilos. Nuestros futuros maromos se acojonan pensando en que en la primera lamida les vamos a ser lonchas su apreciado péndulo.

Te lo imaginas, no?

Una cosa es ser dejadas y cerdas con nuestras bocas (me refiero a la limpieza) y otra cosa es ser tener una dentadura como una caja de tizas.

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Todo en esta vida, en su justa medida. O un poco mas grande, venga.

Palabra de nurse, Carry Nurse.

 

 

 


Sobre el autor

Candy Pus

Me ponga una de bravas y dos cañas