El diario de Darío Cobertizo: Dia 1. Sevilla

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Amor;
como bien sabes (aunque sólo te lo he dicho setecientas veinte veces esta mañana) desde Atroz con leche me han pedido una colaboración a modo de diario y yo no he sabido decir que no.

La página -o lo que sea esto- no está a la altura de mis altos tacones, pero ya sabes que soy muy apasionado del fenómeno fan y me encanta que me quieran, me conozcan por la calle y me pidan autógrafos. Es que me hace volar, como el águila que vuela en libertad(¡Joder que gran verso se me ha ocurrido para una canción! Voy a apuntarlo que segurísimo no se le ha ocurrido a nadie).

Hace tiempo que lo sé; me necesita el vil vulgo- acabo de leer esta expresión en el ABC y me ha gustado, aunque muy bien no sé lo que significa, si he de ser sincera-. Claro que también tiene cosas negativas, y aunque huelan mal, te toquen y alguno hasta me insulte, sé que lo hacen desde el inmenso cariño y la grandísima admiración que me tienen; se ponen nerviosos y se les escapa un “mamarracho” o un “tira pa tu pueblo” dicho todo desde lo más profundo de su corazón. Si lo sabré yo…

Pero como no quería que fuese un diario al uso, he pensado en escribirlo dirigiéndome a ti, oh diosa de la modernidad, para hacerlo más coloquial y cercano, que por muy lejos que esté en el firmamento una estrella debe ser capaz de bajar del cielo y acercarse a la humanidad; eso lo he aprendido de ti, que te da igual hacer la presentación de Miss Sirena Infantil , que inaugurar una tasca en Trompetilla del Páramo que un anuncio de ropa deportiva para baloncesto( por razones obvias, claro) que de lomo embuchao( por razones obvias too). Te encanta, me da igual.

Sí; sigo estudiando y esforzándome mucho con el inglés y se nota , you knorr. Me cuesta un horror pero por suerte tengo el Google trastornate ese, y así puedo colocar de vez en cuando alguna expresión anglofita o como se llame, queda bien en el texto, yo aprendo y los lectores también. O too.
El mes de Abril comenzó muy fuerte porque una vez más(¡¡mira que no aprendemos!!) te vuelven a faltar horas en las próximas semanas y me atrevería a decir que en los meses venereos, osea, los que están por venir. Y ya de lo mío para qué hablar; conciertos en directo( que así los llaman) , firma de libros, clases de canto cansadísimas (bien lo sabes amor; lo duro que es pasarse una hora moviendo la boca mientras suena el reproductor para intentar hacer como que canto). También inauguraciones, portadas de revista, miles de entrevistas, cientos de programas de televisión de máxima audiencia. La gente me quiere y lo quiere todo de mí. Es agotador pero me encanta, no me da igual.

Aún así, sacamos tiempo para ir la presentación de la nueva tienda de Pepín Pulpín, mi diseñador de ropa favorito y el tuyo. Fue en Sevilla, ciudad que no nos puede gustar más. Me chifla la belleza de sus mujeres lozanas andaluzas que sacan lo más heteruzo que tengo en el interior de mis meninges, muy en el interior y más allá. También me gusta su comida, ese marmitako tan típico y esa fabada sevillana que no engorda nada y me ayuda a mantener el tipín de sísife que tanto me caracteriza y que es la rabia de las envidiosas gordas y fofas. Si es que no falla; a todas las que me critican les sobra uno o varios kilos de más. También su arte, que vaya arte que tiene Sevilla, que no se puede aguantar tanto arte porque el arte les sale por los poros artísticos y es tanto el arte que no se puede aguantar. Ozú, mi arma ( Jesuchristi, my sour). También la feria de Abril, la Torre del Loro y el río Guadiana, que es tan grande que no sé como puede cruzarse sin que te den ganas de hacer pipi. Sí, se que muchos se decepcionarán, pero tú y yo sabemos que las estrellas también hacemos pipi. Es duro de asumir pero así es. Sirva este diario para que quede constance colby. Y cuando se enteren de que hacemos popó, qué disgusto. Pero vamos, que lo que depositamos vale su peso en oro. Sé perfectamente que más de un fan fatal mataría por tener una cagarruta nuestra guardada en una vitrina, pero nunca nos pondremos a vender eso, que tenemos unos principios y una dignidad y unos escrúpulos. Eso ahora; si en unos años nadie nos compra el humo, habrá que planteárselo. Pero no adelantemos acagantecimientos.

En la nueva tienda de Pepín Pulpín ya habían cientos, que digo cientos, miles, qué digo miles, millones de fans. Una cosa increíble y muy merecida porque la carrera de Pepín está hecha de aguja, pespuntes, sudor y flujos vaginales. Que nos equivocáramos y resulta que nos habíamos confundido de tienda y en vez de la nueva boutique de Pepín nos hubiéramos colocao en la tienda de Primar en su primer día de rebajas no es cosa de comentar aquí. Allí estaban todos nuestros amigos, caras conocidas nada vistas que acudían desinteresadamente a ponerse hasta el culo de canapies; Tirria Superska, Pedro Monsterhigh, Alejandro Amaelhaba, todos los miembros de mi grupo, las Coles de Bruselas  y tantos otros. De los pelotillas que nos siguen a todas horas por salir en la foto también me quiero acordar porque bien que se lo han ganado; menudo mérito eso de estar al quite para que no me falte nunca una cerveza en la mano y reírse con mis supuestos chistes, que tengo una gracia que pa qué…Menos mal que Dios me llamó al mundo de la música para romper todos los records y marcas, que si no, ya podían estar temblando los del club de la comedia.
El caso es que aunque tú querías volver al hotel a descansar y que no le diera el sol a tu piel del color de la Nivea , yo insistí en dar una vuelta ya que era Semana Santa y dicen que como en Sevilla no se ve una igual. Que hay que ver la de fiestas que tiene Sevilla; entre las Fallas, los Sanfermines y el Pilar, no hay una ciudad que tenga tantas, unidas todas en un nudo interminable de fiestas una tras otra. Ya lo dice la copla; Sevilla tiene un cordón especial.

Total, amor, que tú fuiste testigo y yo también. De pronto nos vimos envueltos en una aglomeración de gente como yo no había visto en mi vida, no cabía un alfiler más. Supuse que se habían enterado de nuestra presencia y lo confirmé; fue empezar a escuchar ¡Guapa! ¡Al cielo con ella! Y ya supe que sí, que nos esperaban a ti y a mí en hedor de multitudes. De pronto por una esquina apareció un catafalco iluminado con miles de velas y techado como si fuese una jaima, que yo no sabía qué significaba esa palabra pero me lo explicaste tú. Claro, pensé yo; Sevilla es sultana y los sevillanos quieren que nos sintamos como la reina mora. Eran tantos los Vivas, tantos los pétalos que llovían desde el cielo que en un arrebato místico y subido en mis tacones de siete leguas, casi sobrevolé por encima de las cabezas sevillanas y entre cráneo y cráneo, llegué al trono modestísimo y discreto y allí me senté. Le di un rodillazo a un maniquí lleno de alhajas que estaba como decorando y me hice un hueco.

Tenemos suerte de qué estábamos juntos y así tú puedes corroborar que lo que digo es cierto; la gente se volvió loca; unos gritos, un fervor, una pasión hacia mi persona. Yo no paraba de decir gracias, gracias querido público, gracias Sevilla, gracias España por quererme tan genial como soy. También saludé a derecha e izquierda con aire señorial, algo que me ha enseñado divinamente Chispita Verdejo, nobleza de España y de la que tú y yo somos fans. Qué tumulto se armaría que aquel catafalco con sus jaima y sus velas empezó a moverse y ciertamente te vi a lo lejos con cara de absoluto terror, porque parecía que todo el atrezzo se iba al suelo. Yo sabía que no había problema, porque con tanta cabeza de sevillano seguro que caía en blando y no me iba a pasar nada. La gente se volvió tan loca con mi presencia, vi tantas caras desencajadas por la pasión que estuve a punto de arrancarme y cantar dos temazos de los míos pese a que no llevaba el reproductor para hacer un buen playback. Si eso no es valentía y cariño sacrificado por el público, ya me dirás. No obstante no hubo posibilidad. Caídos del cielo, policía y bomberos aparecieron como de la nada y me rescataron del amor de mis fans que en ese momento me lanzaban regalos y bienes; al no tener una boutique de Balmain cerca, los regalos consistían en lo que tenían más al alcance de la mano, cosillas como piedras, ladrillos y adoquines; yo creo que debieron pensar que estaba a punto de hacerme una mansión o algo y quisieron contribuir a la causa. Y oye, no digo yo que un día de estos me la haga al lado del Guadiana, visto el amor que me profesan sin igual. Esto demuestra que yo a los regalos les doy más importancia por la intención que por el valor mismo.

Subido en la escalera del camión de bomberos, me sentí grande, me sentí único y casi sentí que me escoñaba cuando se me enganchó un tacón. Aunque yo no quería, los bomberos me protegían de la lluvia de estrellas y meteoritos con sus escudos; yo les decía que no hacía falta mientras me agarraba a sus cuerpos fornidos y duros( uff) que aquello era una demostración total de amor, pero ellos empeñados en que sí.

Fue un día maravilloso( wonderland day) que finalizó tras ser escoltados por varios coches de policía y un camión de bomberos. Acabamos en comisaría, yo firmando autógrafos como un loco porque hasta en los cuerpos de seguridad tengo miles y miles de fans. Tú en un rincón colorada como un tomate y sin un sitio donde te pudieras esconder, supongo yo que de la emoción. Y así fue nuestra gran jornada sevillana que dejó un sabor imborrable. From lost, to the river Guadiana.

Besos, amor.(Kitkat, my love)


Sobre el autor

Dario Cobertizo

Estoy en todos los ajos y me repito cual idem.