Antes muerta que a la huerta

 

Mira que aspiro a que nada que no me afecte directamente a mi o mi patrimonio/ liquidez me importe lo más mínimo. Pero debe tener un 0,000000001% de empatía en alguna parte que se enoja cuando ve como nos quieren vender la moto de que la vida en un barrio marginal mola. Valga como ejemplo la Jenny, que cuando no parece camarera de un whisquería en la Castellana, se empeña en ser una mamacita del Bronx. De esas que con 40 años ya tienen 4 hijos y 6 nietos. De esas que viven en viviendas sociales con paredes de cartón y eterno olor a fritanga. De esas con el monedero lleno de cupones descuento para hacer la compra y alimentar con frijoles a toda la familia: hijos, nietos, hijos políticos y un novio cuyo único trabajo es calentarle la cama porque el desgraciado acaba de salir de la cárcel y nadie le da trabajo. Cuando no le calienta otra cosa, pero no es el momento de ponernos Raquel Bollo.

En fin, que ser pobre y vivir en un barrio es una MIERDA, por mucho que aquí la Yenny se nos ponga ciega de purpurina. Chicas, huid mientras podáis! De ahí el título de esta entrada; de las pocas cosas que tengo en común con Marita de la de Totana, aparte de ÉL, es que las únicas perlas que nos hacen llorar son las falsas.

 

¿Qué es el lujo? –dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Pues tengo tema para muchos posts, de momento diría que “El lujo es tenerlo todo hecho, que solo muevas un dedo si es para tu propio placer, aunque tampoco es mala idea que hasta ese dedo lo muevan por ti”

Desde Palma con amor, siempre “suya”

MG

 


Sobre el autor

Marta Gaya

No pienso hablar sobre Él pero del resto sí.